domingo, 26 de febrero de 2012

MARACAIBO y los nuevos comienzos…..




Allí, nací yo, Mercedes Herminia Villamizar Salinas, hija de Rosario Salinas de Villamizar, nacida en Valera, Estado Trujillo el 19 de Septiembre de 1909 y de Carlos Villamizar, nacido en Rubio, Estado Táchira, hermana de Carlos y Mario Villamizar Salinas que para el momento, 29 de Noviembre de 1938, tenían 11 y 10 años. Mis abuelos maternos, Antonio Salinas Briceño y Mercedes Vetencourt de Salinas- De mis abuelos paternos sé muy poco, por lo que me contó Mama Eca, estando yo pequeña y que luego corroboró mi mamá más adelante, parece que mi abuela paterna no quería a mi mamá, más bien la odiaba no sé por qué razón, así que nada puedo decir, salvo que me parece que algo feo sucedió y por tanto nunca supimos de ella, de mi abuelo paterno nada, pareciera que nunca existió.  Mis recuerdos personales comienzan a los 3 años, antes de esa edad, nada.



Recuerdo una casa grande con zaguán, ventanas de pollo, patio interno, grandes corredores;  allí vivíamos junto con nuestra amada Nina, niñera desde que Carlos mi hermano acababa de nacer, Mamá Eca, tía vieja y refunfuñona pero amorosa, Mi muy amada Tía Antonieta, hermana de mi mamá, muy jovencita, un año mayor que mi hermano Carlos, y todos los parientes que venían de Valera a pasarse un tiempito. Es costumbre familiar acoger en su casa a los parientes dándoles, en la medida de lo posible, toda la ayuda que requieren, además del afecto.


Pero, todo cambió de repente, muere mi papá y se derrumba por primera vez  mi vida, cosa que sucederá con frecuencia, ya verán ! ! !. Económicamente vivíamos muy bien pero al morir mi papá no quedó nada, no sé porqué, imagino que es por la eterna falta de previsión de esta nuestra loca familia o algún otro motivo secreto. Debo acotar que los secretos son algo muy de nuestra familia, a veces bien guardados y otras no tanto.


Mamá, no sé como, se fue para Bogotá llevándonos a todos, comenzó a trabajar en la Embajada de Venezuela, mis hermanos fueron internados en el Colegio La Salle, Tía Antonieta en curso de secretariado, yo al colegio y el resto a ocuparse de todos. Entonces llegaron a vivir los hijos de parientes y amigos que venían a estudiar en la universidad, pensión completa pero pagada (bueno, más o menos). Recuerdo vívidamente a mi primo Robertín, al cual me ha unido un enorme cariño desde entonces y que surgirá varias veces en esta historia. Imagínense todo ese gentío sentado a la mesa, divertidísimo,  además de aportarme una educación esmerada en cuanto a agilidad mental, buen humor y aguante ante las cariñosas chanzas y críticas, que por muy cariñosas que fueran no dejaban de pellizcarle a uno el corazoncito.


Mi mamá, era una mujer espectacular, alta, delgada, cabello color avellana, ojos verdes grisáceos, con punticos dorados, muy elegante ; recuerdo siempre sus sombreros pequeñitos con unos velitos que apenas cubrían un parte del rostro, se veía misteriosa, creo que a los ojos de los hombres de esa época (1940 y dele) ella era “sexy” (aunque ese término no debe de haber existido y si existía, dudo mucho que se lo aplicarán a mi mamá, “eso no es para gente decente” dirían, ! ! !), como toda mujer “in” usaba guantes para todas las ocasiones ; pero cuando se ponía un vestido largo para ir a algún baile brillaba de bella ! !.  Allí conoció a mi segundo papá (el único papá en realidad) Andrés Paúl Vialerigo, diplomático, elegantísimo y señorial. Se casaron y nuevamente cambia mi vida. Otro comienzo…. Bueno, en realidad mi vida está plagada de nuevos comienzos, vivo en eso, ahora mismo en 2012 a los 73 estoy en un nuevo comienzo. Recuerdo que hace muchos años en alguno de mis momentos difíciles trataba de imaginar cómo sería mi vida dentro de una familia con un papá, una mamá y hermanos tradicionales, una vida tranquila sin sobresaltos, todo acomodadito, colegio, universidad, matrimonio que duraría toda la vida, hijos tranquilos, pero luego de darle vueltas al asunto llegué rápidamente a la conclusión irremediable que eso no era para mí ni para nosotros como familia, somos todos tan distintos a la mayoría que es imposible vivir de esa manera, además nuestra vida nunca lo ha permitido. Todos andamos siempre en eso, un nuevo comienzo………

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